Niños Desaparecidos
Últimamente
no se han visto muchas notas firmadas por el Jefe de Información del diario
Voz del Caribe, Ricardo Méndez. A la hora de hacerse responsable y
dar la cara por la letanía de infundios y cuentos de brujas con que engañó
por mas de una semana a sus lectores con ponzoñosos reportajes sobre La
Casita, el reportero se esfumo de la escena. Y de paso dejó salpicada de
pegajoso fango la imagen editorial de su periódico. También desapareció
súbitamente el llamado Caso Ámbar de las paginas que cotidianamente
se prodigaban a la madre de la menor en Voz del Caribe. La
repetitiva telenovela para manipular las emociones del público, lleva, al
momento de escribir estas líneas, dos días de no publicarse en su espacio
estelar. Sin previo aviso. Y es que ambos, Méndez y la madre de ámbar, Ágata
Abigail, se unieron a la creciente lista de “personajes incómodos” para el
prestigio de Voz del Caribe.
El primero, por falsear información y lavar la
imagen de un peligroso violador preso. La segunda, porque el viernes la
opinión publica de Cancún se entero que no era la víctima que presentaban,
sino una madre desnaturalizada que vendió a su primer hijo recién nacido en
el estado de Coahuila.
De acuerdo a las investigaciones realizadas,
en poder de la PGR y la Procuraduría de Justicia del Estado de dicha entidad,
fue alrededor de los últimos días de abril cuando Ágata Abigail Blanco se
encontraba internada en la sala de Ginecología en un conocido Hospital de
Coahuila, dando a luz a un sano bebe de sexo masculino. En cuestión de horas,
el recién nacido cambio de manos como si fuera mercancía. En pocos días, el
niño vendido por Ágata Abigail cumplirá cinco años de edad, según los
documentos del expediente penal. Lastima que no recibirá un regalo y un beso
de cumpleaños de la madre que lo trajo al mundo y lo cambio por un fajo de
billetes. Esta es la madre de familia que Voz del Caribe publicito
sin cesar como un persona responsable, buena madre, humana, víctima de
conspiraciones. Pero el lado oscuro, no lo dijo. Al salir a la luz publica
la otra cara de la moneda, el caso se le revirtió a la junta editorial como
bumerang. Por eso la telenovela del caso Ámbar llego a un abrupto fin y el
periódico que asumió fervoroso su causa como cruzada personal, perdió
credibilidad con sus lectores.
Resulta
extraño que en sus amplios editoriales de la semana pasada, Gerardo
García, director de Voz del Caribe, exija que se investigue a
otros cuando deberían investigarlo a el sus jefes por usar las paginas de su
diario para defender a pederastas reincidentes, proxenetas bajo proceso
penal y traficantes de niños. García exige explicaciones a otros,
pero no ofrece ninguna por las pifias y trucos de su Junta Editorial para
fabricar reportajes. Pide transparencia financiera a La Casita —auditada
anualmente por un prestigiado despacho contable y en regla con Hacienda—
pero no transparenta el contubernio de su Jefe de Información con el
hotelero pederasta preso, Miguel Ángel García Rascón, ni informa
cuánto dinero recibió para lavar su imagen usando al periódico que dirige.
Asegura el director de Voz del Caribe en otro editorial que su diario
“no juzga”, pero quienes leyeron las infamias que ha aseverado contra La
Casita y respetadas defensoras de derechos humanos, lo vieron erigirse en
juez, y lapidar. Se queja de que se enloda y se descalifica, siendo
que su diario criminalizó haciendo imputaciones falsas públicamente a
una persona que el consejo estatal de ONG’s le otorgó en 1999 un
reconocimiento público, en el Día de la Mujer, por su
destacada trayectoria como mujer
quintanarroense.
Conforme pasan las horas—ya no los días— al
director se le deshacen en las manos las “pruebas” que aducía tener de los
infames reportajes, pero mientras, trata de fabricar otras nuevas. Y
las publica sin ningún rubor. Quiere defender a ultranza la imagen de su
diario, pero no entiende que solo le hace mas daño. Habla de apertura
pero se cierra y no rinde cuentas a la sociedad que desinformo por la
irresponsabilidad en que ha incurrido su Junta editorial.
Gerardo García
expresa molestia porque he escrito unas pocas columnas y publicado legítimas
inserciones que han puesto en evidencia el desaseo editorial, que, bajo su
dirección, ha hecho que Voz del Caribe redacte notas utilizando
estándares por debajo de conocidos pasquines de escándalo de la
localidad, que han mostrado mas recato en explotar la nota amarillista. Solo
es necesario hacer un estudio comparativo de encabezados y contenidos para
corroborar esto.
García es
hombre de contradicciones y no las oculta. Enfatiza que no hay que recurrir
a la descalificación —y sin responder a la sustancia de mis contenidos, los
descalifica a priori etiquetándolos de “publicidad pagada”. No parece el
director del diario estar acostumbrado a ser interpelado públicamente, no al
menos por una mujer que conoce de leyes, y por tanto de pruebas que se
sostienen ante el escrutinio serio. Habla de respeto, pero insulta e
incrimina a turistas internacionales y a inversionistas residentes en Cancún.
Y no pide disculpas.
Su postura recuerda algo a los señores
feudales. Cuando publica una carta de réplica, parece creer que hace favores,
no que simplemente cumple con lo que la ley —y el elemental decoro— mandan.
Proclama a voz en cuello, en respuesta a un editorial mío, que la Dra.
Seoane no es “ni ángel ni demonio”. Pero lo dice después de que su diario
la satanizó por dos semanas imputándole directamente delitos no probados.
También
leo en sus editoriales que gusta de citar porciones de conversaciones
privadas que no tenían carácter de entrevista. Y las cita en Plaza
Reforma de manera selectiva y sin contexto. Cuestionable ética
periodística.
Dado que el Sr. director de Voz del Caribe
citó en su primer editorial en ese
espacio partes de una conversación conmigo, debería citarla completa. Ya que
ha decidido hacerla pública, no se ofenderá si doy datos de contexto a sus
lectores. Omitió decir, por ejemplo, que el único día que acudí a las
oficinas de su diario, fue por iniciativa personal y sin invitación alguna.
No fui para tomar café, simplemente le fui a dejar una carta de
réplica. Omite también mencionar que ese mismo día me pidió de favor
que detuviera yo una junta que reconocidos filántropos de la ciudad
solicitaron con el dueño de Voz del Caribe, el Sr. Miguel Quintana
Pali, para expresarle personalmente su repudio por los reportajes
amarillistas contra La Casita y su directora. Se molestó Gerardo
García porque no accedí a lo que no estaba en mi capacidad hacer. “Esto lo
arreglamos entre tú y yo, detén esa junta ”, me insistía con apariencia
amable.
El Director del diario escribe y escribe. Está
bajo presión y no se da cuenta de que se contradice y se enreda cada vez más.
Un día dice que no prejuzga, y el jueves pasado pretendía adivinar
hasta intenciones. Acusaba (quien no prejuzga) a la asociación que
represento, de ser, lo cito: “un organismo creado para suplantar al estado...”.
Vaya aseveraciones. La imaginación no tiene limites ni entiende de
disparates o incongruencias. Su ultima tirada, luego del fiasco de sus
pasados reportajes es enviar a algunos de sus reporteros a tratar de
presionar a funcionarios de distintas dependencias de gobierno para
tratar que digan algo negativo, aunque sea algo cuestionable, o por lo menos
neutral, sobre La Casita. Y su editorial se encarga de torcer o inflar las
declaraciones. A diario vemos la nueva estratagema. No importa que cosa
diga un funcionario, cualquier declaración se convierte en nota de primera o
segunda plana y se le da un giro desaseado al encabezado.
El director de la Voz del Caribe
perjura que su diario contactó a La Casita antes de iniciar su
reciente andanada de periodicazos, porque sabe que se metió en problemas y
ahora desea aparentar imparcialidad. Pero no hay un solo registro, una
prueba, que acredite eso. Jamás se presentó un reportero a cotejar los
infundios que publicó. Nunca hicieron una sola llamada, ni fueron a tocar la
puerta. La única prueba que existe la tengo yo, firmada por él mismo,
y es en su contra. Es una carta posterior a la campaña de
descrédito del reportero Méndez, para visitar las instalaciones de La
Casita y entrevistar a su presidenta, la Dra. Seoane. Dos semanas
después de tildarla a diario de criminal.
Ahora
intenta presionar a base de periodicazos para que a fuerzas le
conceda una entrevista. ¿Quién entiende al director de Voz del Caribe?
Por un lado habla en tono conciliatorio y de respeto a la ley, mas, por el
otro, usa practicas periodistas al estilo de los porros.
Leydi
Campos Vera
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