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Dos mujeres contra un imperio
José
Ángel Azcárate
Fundación Cultural Catalana
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La resistencia de Campos y Seoane es un
hecho periodístico inédito que genera cada vez mas simpatía y expectación
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El presidente de la CEDH: cuatro semanas
favoreciendo a hotelero violador
Aunque de inicio me parecía un poco exagerada,
comienzo a compartir la opinión de algunos reporteros y comunicadores
de que la controversia sobre La Casita se ha convertido en la
polémica mediática del año en Cancún. Tengo que diferir, sin
embargo, con las razones que periódicos de escándalo aducen para
calificarla como tal.
El verdadero mérito
periodístico del caso de La Casita no estriba en las notas amarillistas
en que algunos pasquines de poca circulación se han tratado de montar
para embolsarse unos cuantos pesos más. Ni siquiera en el bochornoso
oportunismo político de Armando García Torres, presidente de la
Comisión Estatal de Derechos Humanos. El protagonismo de dicho
funcionario ha sido tal que se ha ido descalificando él solo de la discusión
pública. Más que un ombudsman de derechos humanos, parece un
defensor oficioso de la causa del pederasta preso, Miguel Ángel
García Rascón. Un análisis sucinto de las declaraciones de Armando
García Torres en las últimas semanas, es la mejor evidencia de ello. El
presidente de la Comisión Estatal de Derechos Humanos ha dedicado
más del 90% de sus declaraciones en los medios a favorecer al acaudalado
ejecutivo procesado por violación y a denostar la imagen institucional de La
Casita. En pocas palabras, durante cuatro semanas ha hecho del más tosco
reduccionismo, su política en materia de derechos humanos.
Indiferente a la compleja problemática social que en dicha materia
flagela a Quintana Roo, se ha enfocado en calumniar a una sola
institución privada y a favorecer a un solo criminal.
Como si en Cancún y Quintana
Roo no hubiese un sinnúmero de casos probados de corrupción gubernamental
pendientes en distintos niveles, Armando García Torres
perfiló todas sus
baterías contra una organización no gubernamental de derechos humanos y
aprovechó cada espacio en los medios de comunicación para atacarla
desde una posición de autoridad. Al hacerlo, el presidente de la CEDH
se descalificó de la discusión pública como genuino ombudsman por
mostrar parcialidad. Como funcionario de gobierno, confundió a la
opinión pública dolosamente, debido a que en sus primeras declaraciones a la
prensa no especificó con claridad que la CEDH carece de facultades
legales para investigar a particulares y a instituciones privadas. Existe un
altero de declaraciones a la prensa y grabaciones de programas radiales que
dan cuenta de su irregular proceder.
Como desde el inicio se sabía
que las denuncias pantalla contra la Casita ante la
Procuraduría de Justicia, y su directora Patricia Seoane, no iban a
proceder nunca por falta de elementos, el garante de los
derechos humanos en el estado permitió que la institución que
representa se convirtiese en caja de resonancia para el grupo coordinado por
el hotelero pedófilo reincidente para defenderlo.
De esa forma colaboró para dar
una falsa legitimidad a denuncias que son de la estricta competencia
de la Procuraduría de Justicia del Estado. De acuerdo a una denuncia
penal interpuesta por la abogada de La Casita, Leydi Campos este
jueves pasado, el funcionario también usurpó funciones cuando envió a
personal de dicha institución ostentándose como autoridad competente para
ingresar a propiedad privada sin contar ni con facultades legales, ni
documento que autorizara dicha visita. La abogada, en conferencia de prensa
el jueves pasado, mostró ante los medios, pruebas y fechas de dicha
visitaduría. Ninguno de los presentes las puso en duda y el ombudsman
del estado, no las ha desmentido.
Hasta aquí lo inédito es que una
institución gubernamental de defensa de derechos humanos fue
utilizada a favor de un violador de los derechos más básicos de la niñez,
según consta en dos multi-citadas causas penales y dos autos de formal
prisión. Lo inédito es también que se instrumentalizó a una instancia de
gobierno en contra de una asociación de derechos humanos que defiende
menores y tiene una amplia base de apoyo social. Independientemente de las
sospechosas conductas del presidente de la CEDH que favorecen al
pedófilo de marras, lo inédito es también la ruptura de las
relaciones bona fide entre la institución gubernamental y una ONG
acreditada de la sociedad civil que se puede hacer rápidamente extensiva a
otras. El comportamiento del presidente de la CEDH es atípico. Y va en
contra de los intereses de las relaciones armónicas entre las ONG’s y el
vínculo orgánico natural del gobierno del estado con ellas, que es
precisamente la CEDH. El ataque de dicha institución a una ONG de
derechos humanos, alineándose con los intereses de un empresario
adinerado que violentó gravemente a dos menores de edad, ha sentado ya un
mal precedente para otras asociaciones civiles que se topen con casos
similares. Ha dejado sembradas también semillas de desconfianza que en vez
de crear puentes levantan muros entre ONG’s y el gobierno en momentos
en que Cancún requiere de unidad y políticas sensibles que lleven a la
armonía.
Más allá de todo eso, el valor periodístico en
la polémica sobre La Casita estriba, más que todo, en un hecho
inédito en la historia contemporánea de los medios de comunicación en Cancún.
Se puede resumir en un párrafo: por primera vez, dos mujeres de la
sociedad civil se han atrevido a confrontar públicamente a un medio de
comunicación—en este caso al diario Voz del Caribe— el
cual ha utilizado contra ellas, a través de su equipo editorial, las artes
más sucias del periodismo. Al hacer esto, las dos mujeres, evidentemente en
desventaja, han quebrado un tabú. El diario en cuestión, por su parte, ha
tenido que recoger el guante del reto, poniendo sobre la mesa todo su
capital mediático: su credibilidad como medio informativo que se presenta
ante la sociedad como objetivo, imparcial y veraz.
Las dos mujeres, ambas
profesionistas, ambas madres de familias, son la Dra. Patricia Seoane,
quien es ex catedrática de la Universidad Autónoma de Puebla y
tiene un Master en Humanidades por la Universidad Anahuac, y la
conocida activista social y abogada penalista, Leydi Campos Vera,
especializada en criminología.
En un hecho inédito, que es
comentado ampliamente en el ámbito periodístico e intelectual de Cancún
— y en cada vez más sectores de la comunidad internacional. Estas dos
mujeres se han resistido a ser silenciadas e intimidadas por la
catarata de titulares y notas amañadas con que el diario Voz del Caribe,
desde una posición de poder, ha intentado apabullarlas ante la opinión
pública.
En vez de bajar la cabeza ante
la bota del autoritarismo patriarcal, ambas damas han roto
estereotipos, defendiéndose admirablemente mostrando creatividad e ingenio.
Al mismo tiempo han evidenciado contundentemente varias triquiñuelas —e
incluso embustes que llegan al libelo— que el periódico mencionado ha usado
para tratar de desacreditarlas. En este proceso, Voz del Caribe
y sus prácticas editoriales han venido a ser objeto de una discusión
pública y su reputación ha quedado en entredicho.
De informador, el diario
pasó a ser noticia y sujeto del escrutinio público.
Este suceso, la firme
resistencia civil de ambas activistas, conforma un acto, que, en sí
mismo, ha cautivado la atención de muchos actores sociales que están a la
expectativa del desenlace. Y como hasta ahora hemos escuchado dos narrativas
contrarias, el asunto no se puede quedar en dimes y diretes iniciados por un
periódico. De no proceder las denuncias ante la PGJE contra las dos
mujeres, el diario en cuestión quedará en ridículo y alienará a los lectores
pensantes que aun le queden.
En una batalla que se antoja
por demás desigual, Gerardo García, director de Voz del Caribe
se observa paradójicamente en una posición cada vez más difícil. De acuerdo
a fuentes cercanas a él y a medios de comunicación locales, realiza
incansablemente un activismo febril tratando de cerrarles, por
todos los medios posibles, cualquier espacio—aun el legítimo recurso del
desplegado— en que ambas mujeres puedan expresarse libremente y continuar
respondiendo al maremagnum de imputaciones con escaso sustento que
manan a diario de las planas de Voz del Caribe.
El comunicador, pues, elude el
diálogo público y asume aires de censor en ciernes. Quiere imponer el
monólogo hasta afuera de su periódico, pero no lo ha logrado.
Este activismo del director Gerardo García
es un signo claro de debilidad, acentuado por la creciente cantidad
de evidencias de que su serie inicial de reportajes contra La Casita
fueron construidos de una manera artificiosa y dolosa, que despertó
el repudio inmediato de filántropos importantes del sector empresarial
cancunense y de renombradas fundaciones internacionales que ya iniciaron
quejas diplomáticas formales que en nada benefician la imagen
internacional de Cancún.
Comentaba la semana pasada, que el efecto
inmediato de los reportajes amarillistas contra la Casita fue que los
filántropos locales, cerraran filas alrededor de la Dra. Patricia
Seoane y La Casita.
Por otro lado, la encuesta de opinión
del programa televisivo Cancunámonos después de su programa
del día jueves 28 de abril, confirmaba la confianza de la población en el
proyecto de La Casita, pues alrededor
del 80% de los más
de 2 mil votantes, afirmaron que no creen las mil y un
historias negativas que se ha dicho sobre la casa hogar. Tener un
rating de aprobación de más del 75% luego de una furibunda
andanada de embustes y amarillismo por cuatro semanas, encabezada por Voz
del Caribe, sería la envidia de cualquier político. La sociedad
en general, entonces, a pesar del intenso bombardeo mediático,
también cerró filas a favor de la directora de la asociación de
derechos humanos infantiles.
En resumen, la imagen de
las dos mujeres que en un hecho inédito se han atrevido a usar
creativamente distintos medios para refutar con argumentos inteligentes a un
diario, está saliendo fortalecida cada día que pasa. Esto obedece tanto al
valor civil e ingenio demostrado por las activistas, como a la sólida
trayectoria de ambas mujeres en su labor a favor de los niños, el cual
cuenta con una amplia base de apoyo en todos los sectores de Cancún y en el
terreno internacional. Pongámoslo así: gozan de un alto nivel de
credibilidad y simpatía a pesar de sus detractores, voceros y paleros.
Si esto fuera una telenovela—cosa
que a muchos espectadores ya nos comienza a parecer—yo la titularía “Dos
mujeres contra un imperio”. En este caso se trata, claro, sólo de un
imperio de papel construido sobre mentiras y con sólo 4 mil
súbditos-clientes cautivos (y uno que otro funcionario asustadizo). Al fin
y al cabo imperio, tiene, por supuesto, a su reyezuelo, el director
Gerardo García. Como en los anecdotarios del feudalismo europeo,
éste pretende aplastar como tirano a los irreverentes vasallos que se oponen
a su menor capricho, o se atreven a refutar su infalible dicho.
El pueblo,
en este caso los espectadores y la ciudadanía, espera expectante el fatal
desenlace e instintivamente simpatiza con las dos mujeres en desventaja
que han opuesto resistencia. ¿Cuál es el final? Si no las meten presas, el
pueblo las convierte en heroínas, y el tiranuelo que las acusaba vehemente,
queda, con todo y sus lacayos, en ignominiosa vergüenza.
La presunción de inocencia es
un pilar de todas las sociedades democráticas. Las dos mujeres
son inocentes hasta que la Ley demuestre lo contrario—la autoridad
competente en la materia, no el censor, el funcionario oportunista o el
reyezuelo embustero.
Cada día que pasa con ellas
libres, la credibilidad de Voz del Caribe mengua y las dos
mujeres que se atrevieron a cuestionar en público al medio, crecen. Y con
ellas el número de simpatizantes y activistas de derechos humanos
internacionales y nacionales, dispuestos a movilizarse a todos los
niveles por solidaridad y para consolidar el precedente del hecho inédito.
Por Esto! de Quintana Roo.
(Inserción)
Martes 3 de mayo de 2005.
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