Infancia sin juego
Mariana Martínez
Ser niño en Latinoamérica no es cosa fácil.
La realidad es dura. Más de 17 millones de pequeños comienzan el día sin
nada en el estómago y salen a las calles a ganarse el pan. En lugar de
jugar y estudiar, deben trabajar. Para ellos, la pobreza es algo de lo
que les es difícil escapar.
La paradoja es grande. Para aquellos niños que
tuvieron la suerte de nacer en la mitad del mundo que hoy llamamos "desarrollada",
la vida transcurre entre la escuela y el juego. Al menos, es la realidad de
una gran mayoría. Aunque así es como debería ser para todos.
Sin embargo, para muchos niños en
Latinoamérica, la realidad es otra. Aprenden a sobrevivir en las calles, a
ganarse la vida desde pequeños y a vivir con la responsabilidad de un adulto.
Hay que traer el pan a casa, sino hoy no habrá nada para comer. Pare ellos,
la vida no es un juego. En lugar de estudiar y jugar, deben trabajar. No hay
otra alternativa. Al menos, ni sus padres, ni sus gobernantes, ni usted, ni
yo, se la proveemos. En el final, somos todos culpables.
Para Pedro, María o José, que limpian coches,
recolectan basura, trabajan en una fábrica, o venden flores en las calles,
la ilusión de ser niño es simplemente eso, una ilusión.
¿Por qué trabajan los niños?
Las principales causas del trabajo infantil en
la región están vinculadas al aumento de la pobreza y el desempleo en los
últimos años, producto de las crisis económicas y las malas administraciones.
Piense
sólo por un momento, cómo le afectaría a usted que de la noche a la mañana
se quedara sin trabajo. ¿Estaría usted dispuesto a que su hijos saliera a
las calles a trabajar para asegurar el pan para su familia? Seguramente la
idea lo aterraría y no estaría dispuesto, pero ahora piense cuál sería la
situación si usted no tuviera nada de nada. La historia podría ser otra...
Ese es el
dilema que enfrentan millones de padres en Latinoamérica. Más de 220
millones de personas son pobres y unos 95 millones no pueden cubrir sus
necesidades básicas para vivir, según datos de la Comisión Económica para
América Latina y el Caribe (CEPAL).
La pobreza y la desigualdad social que afecta
a la sociedad latinoamericana también recaen sobre los pequeños. El 50% de
los niños de la región vive en la pobreza, mientras que el 35% no terminará
la educación primaria.
Para que tenga una idea, según datos de la
consultora privada Equis en Argentina, la crisis que vive el país ha forzado
la incorporación al mercado laboral del 22,23% del total de 6,7 millones de
niños entre cinco y 14 años que viven en el país. Es decir, casi un millón y
medio de niños salen a las calles cada mañana a limpiar cristales, hacer
malabares, juntar plásticos o cartones, entre otros trabajos.
Aquí va
el cálculo que seguro lo sorprenderá. Tras la devaluación del peso argentino
en enero del 2002 se empobrecieron 2,7 millones de niños, un promedio de
150,000 niños pobres más por mes, es decir, unos 5,000 nuevos niños pobres
por día, o lo que es lo mismo, unos 208 por hora. Es decir, mientras usted
termina de leer esta nota, unos 17 pequeños más se habrán sumado a la cuenta.
Para muchos niños en Latinoamérica, la
realidad es otra. Aprenden a sobrevivir en las calles, a ganarse la vida
desde pequeños y a vivir con la responsabilidad de un adulto; hay que traer
el pan a casa, sino hoy no habrá nada para comer
En México, la situación no es muy distinta, el
trabajo se ha convertido en el denominador común para 3,5 millones de niños,
en edades que oscilan entre 12 y 17 años, y que trabajan en las calles de
las principales ciudades del país.
El 18% de los niños sufre de desnutrición, el
15% no tiene acceso a agua potable y el mismo porcentaje no terminará la
educación básica, según datos de la Organización de Naciones Unidas para la
Infancia (UNICEF).
En el Salvador, la realidad es difícil de
esconder. Más de 223 mil niños trabajan para colaborar con el ingreso
familiar, declaró públicamente el ministro del Trabajo, Jorge Nieto. Uno de
los pocos gobernantes que se atreve a reconocerlo.
La cuenta no termina ahí. Los números más
alarmantes se encuentran en Bolivia (25,9%), en República Dominicana
(33,8%), en Ecuador (39,1%), en Perú (16,5%), en Brasil (8,9%), según datos
recolectados por la UNICEF y la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
En total, en Latinoamérica trabajan unos 17,5 millones de niños, en edades
que oscilan entre los cinco y los 15 años. Imagínese, cinco años de edad...
Un número incierto
Si la
cifra lo sorprende, lo hará mucho más si toma en cuenta que sólo es una
aproximación de la realidad. Cuando los economistas, estadistas y sociólogos
intentan medir a ciencia cierta la cantidad de niños que trabajan en
Latinoamérica, se encuentran con una importante barrera, la mayoría tiene
empleos ilegales o en el sector informal, lo que hace casi imposible obtener
cifras exactas. Es decir, la cifra es seguramente mayor a lo que podemos ver
o cuantificar.
A lo anterior se suma que para muchos
políticos y gobernantes, la realidad es difícil de reconocer. Prefieren
tapar el sol con un dedo y decir que en sus países no pasa nada. Prefieren
evitar la "vergüenza" nacional que hacer algo por mejorar la calidad de vida
de sus niños.
La falta de trabajo de los adultos forzó la
inserción laboral de los niños, que en muchos casos deben mantener a toda
una familia. Los niños trabajan porque contribuyen económicamente al núcleo
familiar al que pertenece, o lo que es peor aún, si tomamos en cuenta los
millones de niños que viven solos en las calles, para asegurarse su propia
supervivencia. Sin trabajo no hay pan, y sin pan no hay vida.
Los niños y sus derechos
Esta
situación no sólo pone en riesgo la salud de estos niños, sino también les
quita el derecho a estudiar, el derecho al esparcimiento y lo que es peor
aún, pone en tela de juicio su propio futuro. Aunque suene a "cliché", ellos
son el futuro de nuestros países.
Asegurar
los derechos y el bienestar en la infancia es la clave para el desarrollo
sostenible de un país. Un niño que hoy no juega, un niño que hoy no estudia,
es un hombre del mañana sin futuro. Una forma de perpetuar la pobreza de un
país para siempre.
Sin niños no hay futuro, y eso es lo que los
gobiernos latinoamericanos deberían de tener siempre presente a la hora
diseñar las políticas económicas. Sin educación y sin juego, Latinoamérica
continuará siendo pobre. Eso, téngalo por seguro.
BBCMundo.com
10/05/2003
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