Cuando nadie protege a los niños: Viven 26 alumnas pesadilla de violación en aldea china
 

                                                                                  Por Jim Yardley


 
XINJI, China- El maestro siempre enviaba a una niña a comprar cigarros. Dejaba a la clase sin supervisión y esperaba en su oficina. Cuando la niña volvía a la clase con las mejillas enrojecidas y cabello desordenado, los otros alumnos no decían nada.

Durante casi tres meses, el maestro, Li Guang, violó a 26 niñas de cuarto y quinto año en la aldea rural de Xinji, afirman padres de familia y funcionarios de tribunal. Algunas niñas fueron violadas más de una vez conforme Li las atacaba diariamente por turno. Fue descubierto cuando una alumna de 14 años se negó a ir a la escuela por temor a que la siguiente mañana fuera su “turno”. No quería ser violada por tercera vez.

“La escuela es donde aprenden nuestros hijos”, dijo Cheng Junyin, madre de la niña de 14 años. “Creíamos que era el lugar más seguro para ellos”.

Es el tipo de caso horrendo que en muchos países sería un escándalo nacional, pero en China ha desaparecido en medio del silencio hermético de la censura estatal. Ese silencio se equipara al silencio en el meollo del caso: el hecho de que los alumnos creían que un maestro era tan poderoso que no se atrevían a denunciarlo.

De hecho, mientras que las convenciones de la sociedad china son sacudidas por el tumulto de la modernización, la reverencia confuciana hacia los maestros permanece fuerte, particularmente en áreas aisladas como Xinji, aldea agrícola en el oeste del país. Los padres de familia tienen fe total en los maestros, mientras los alumnos son entrenados a honrar y obedecer a los maestros, a nunca desafiarlos.

“La autoridad absoluta de los maestros en las escuelas es una de las razones culturales por las que éstos no temen hacer lo que quieren”, dijo Yang Dongping, destacado experto en el sistema educativo de China.

Si Li, de 28 años, es declarado culpable, enfrentará una sentencia carcelaria de por lo menos 10 años, o posiblemente la pena de muerte. Tanto funcionarios de educación locales como fiscales se negaron a ser entrevistados sobre el caso, salvo para confirmar que el juicio tendrá lugar pronto.

Pero una visita a Xinji encontró a familias que expresaron su ira por una violación tan grande a su confianza. La aldea se encuentra a casi seis horas de la capital provincial, Lanzhou, y las últimas tres horas del recorrido son por un camino de terracería entre las montañas.

La agricultura es la principal fuente de ingresos, aunque les proporciona sólo subsistencia a algunas familias, que muchas veces posponen enviar a un hijo a la escuela para evitar las cuotas. Las niñas son usualmente las primeras en ser dejadas en casa y algunas no inician la escuela hasta los 9 ó 10 años. La clase de cuarto año de Li tenía unos 50 alumnos, 26 de las cuales eran niñas de entre 9 y 14 años.

Zhang Shengxia, de 10 años, era una de las niñas más pequeñas en la clase de cuarto año de Li y, de hecho, una de las más afortunadas. Indicó que las violaciones empezaron el otoño pasado cuando el maestro seleccionó a niñas, una tras otra. Las niñas se contaban lo que pasaba, pero no se atrevían a decírselo a nadie más.

Dentro del salón de clases, expresó Shengxia, Li a veces maltrataba físicamente a alumnos y alumnas al ordenarlos que se amontonaran unos encima de otros sobre su escritorio.

Con el paso de las semanas, Li enviaba a niñas a comprar cigarros o simplemente las llamaba a su oficina todos los días. “Cuando el maestro se lo pedía a una alumna, ella trataba de escapar o gritaba”, recordó Shengxia. El día que anunció su nombre, señaló, “me dijo, ‘no hagas caso de todas las cosas malas que dicen las otras alumnas de mí’”. La envió a comprar cigarros y ella corrió a toda prisa hasta su casa. Nunca fue violada.

Las violaciones duraron casi tres meses, hasta la mañana en que la hija de 14 años de Cheng se negó a ir a la escuela. La noticia empezó a difundirse por la aldea y otras madres empezaron a oír historias horribles. Jiao Zhencai, de 35 años, dijo que su hija de 12 años había sido violada dos veces. Pero mencionó que las niñas se habían sentido demasiado asustadas como para confrontar al maestro. En lugar de eso, dijo Jiao, algunas de las niñas compartían consejos sobre cómo escaparse de la oficina del maestro al forzar la cerradura.

En la conservadora cultura de la China rural, la vergüenza de la violación ha sido devastadora para muchas familias. Algunas han rehusado hablar con fiscales o involucrarse en el caso. Otras temen que sus hijas estén marcadas para siempre, sobre todo cuando lleguen a la edad de casarse, y quizás sean estigmatizadas.

Podrá ser más difícil para Jiao que para otras madres olvidar lo sucedido. Sus vecinos son los padres de Li. Afirmó que fueron a su casa después de que su hijo había sido arrestado y le advirtieron que no hablara del caso.

“Sus padres vinieron aquí y me preguntaron, ‘¿cuántas personas saben de esto?’”, expresó Jiao. “Les dije, ‘todos los alumnos en la escuela están enterados’”.

Comentó que luego les dijo: “todo mundo tiene hijos. ¿Qué tal si esto les hubiera pasado a ustedes?”.
 


Reforma
02/07/2005

Volver arriba de la página