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La Voz del Inquisidor (o
La Casita News)
José Ángel Azcárate
Fundación Cultural Catalana
Los narcopolicías y el
narcomenudeo, las maras y pandillas que azotan muchas regiones, brutales
violaciones y presuntos peculados, no ocuparon grandes titulares en diarios
como Voz del Caribe. Mucho menos editoriales y columnas
enfocados a problemas como la cada vez más deteriorada imagen internacional
de este destino turístico. Allí sigue en Internet el boletín de alerta de
los Estados Unidos, advirtiendo a los turistas norteamericanos contra los
secuestros express que involucran a policías, y hasta violaciones en
hoteles contra extranjeras.
Qué decir de las problemáticas nacionales e
internacionales de fondo que en un mundo globalizado necesariamente nos
atañen.
Salvo honrosas excepciones,
hace tiempo que en Cancún la nota roja pasó a ser noticia de primera
plana. Cuando tiene un legítimo justificante periodístico, obedece en parte
a un reflejo de agudas problemáticas sociales. Pero la mayoría de las veces,
la nota roja en primera plana se comercializa cotidianamente para
explotar el miedo y el morbo y vender amarillismo.
Una comparación
internacional nos puede ayudar a ubicar esta sórdida tendencia. Por ejemplo,
quienes leen el prestigiado diario de España, El País, saben
cuan remoto es que la nota policíaca se filtre a una plana principal. El
País, que en su edición de fin de semana imprime arriba del millón de
ejemplares certificados, no es por nada un punto de referencia informativo
ampliamente leído y respetado en Madrid y en el mundo. Sus titulares y notas
los ocupan temas de trascendencia para el lector, como corresponde a un
diario de una ciudad cosmopolita e importante.
Menudo contraste con las patrañas que el periodismo aldeano y escandaloso
con que gacetillas que aparentan, o aspiran a ser periódicos serios, nos
quieren atiborrar. Y hay casos en Cancún que dan risa.
El otro día en la mañana
comenzaba a sorber una aromática taza de café para disfrutar mi vieja
costumbre de hojear cualquier periódico a la mano en un restaurante de un
hotel del centro. Cuando vi el encabezado en letras gigantes casi se me cae
la taza: “¡LEYDI CAMPOS NO SÉ QUÉ!”, rezaba el título principal de
primera plana. Se me atragantó el café de la carcajada ante la divertida
mirada de un par de compatriotas con quienes desayunaba.
—Seguro me trajeron la Voz
del Caribe —pensé mientras movía los ojos para verificar el nombre del
diario. Mi intuición resultó acertada. ¿Qué otro diario y su inefable equipo
editorial nos embute cuatro semanas de Casita y más Casita en su
portada, para luego remachar con cuatro días más de Súper-Leydi en
tonos rojos?
De ahí surgieron inevitables,
las siempre odiosas comparaciones: —¡Imagínate algo así en El País! —dijo
Isidro. Hojeé rápidamente La Voz contra Leydi o “Leydi’s
News” antes de salir a conseguir una copia de un par de diarios decentes—uno
local y uno internacional—, y me di cuenta que el director, Gerardo
García, había vuelto a las andadas.
Delante de nuestros ojos,
con sonoros tonos de burlesque policiaco, se soltaba una letanía de notas
amenazantes e irrisorias contra la polémica abogada Leydi Campos. Miré la
firma y vi que el director de Voz del Caribe había “descongelado” ya
al más insigne de sus porros periodísticos: el esfumado Ricardo Méndez,
su Jefe de Información al servicio del pederasta preso, Miguel
Ángel García Rascón, pronto a ser sentenciado por violación a una menor
con retraso mental.
—¿Cómo lo ves? —preguntó uno de
los comensales. —Te la juego a que diga lo que digan las noticias no meterán
presa a esa abogada, —le dije —“Mucho ruido y pocas nueces”. Continuamos
leyendo entretenidos y vimos que el escándalo tenía que ver con denuncias
contra ella en otro estado, pero que, curiosamente, no había ni una
orden de aprehensión en su contra.
—Con eso tengo, —dijo Isidro
que antes se podría haber animado a apostar una cena.
“Pero, hombre, dice aquí que
hay una investigación muy seria en San Luís Potosí contra ella, y que la
cosa es allá todo un escándalo”, —reflexionó nuestro tercer comensal
madrileño, con pálido rostro de recién llegado del invierno-primavera
europeo.
Periodistas a fin de
cuentas, dos de nosotros nos fuimos a un café Internet y al minuto nos
informamos que el anunciado revuelo del “Caso Leydi” en la capital de San
Luís Potosí era inexistente. Hallamos unas pocas notas chiquitas, algunas ya
viejas, desperdigadas en un puñado de diarios, pero nada más.
Luego de un par de breves
llamadas a colegas de la Ciudad de México, nos sonreímos aun más del nuevo
embuste. El grueso de las notas, en realidad daba cuenta de una polémica que
vio su ocaso periodístico hace ya rato. ¡Y si a alguien había favorecido la
cobertura de cinco diarios distintos de San Luís Potosí, era a la polémica
abogada! La imagen pública de un par de funcionarios estatales salía
bastante maltrecha, por cierto.
Algunas notas e
información relevante que como de costumbre ocultó Voz del Caribe, se
puede leer desde hace varias semanas en
www.derechoshumanosdelamujer.com
En cuanto a los funcionarios mencionados, se puede ver online, en el
mismo sitio, un vergonzoso video incriminatorio que los filma
en flagrancia de delito. Platiqué con un conductor de televisión de la
capital de San Luís Potosí y me comentó que se dieron un banquete mediático
con dicho video —y esa sí había sido noticia de primera plana, aunque sólo
por un día.
El caso es que dos
funcionarios de la capital de S.L.P. de una dependencia estatal
denominada PRODEM, intentaron ingresar a las instalaciones de una
asociación de defensa de derechos humanos en un pueblo sin orden de un juez.
Fingiendo tenerla, querían llevarse a la fuerza a una niña llamada Julieta
que fue canalizada ahí por el DIF y cuya custodia legal le fue otorgada a
dicha asociación por un juez competente. Los funcionarios del gobierno
estatal sabían que era ilegal su diligencia. Cuando Súper-Leydi llegó, la
agredieron y le robaron su cámara
digital para prevenir que documentara el ilícito.
“¿Todo eso está en el video del
sitio de Internet que decís?” —Preguntó el madrileño a nuestro regreso. —Sí,
y también los golpes que el valiente subprocurador estatal de “defensa del
menor y la mujer” le propinó a otra abogada que filmaba. A ella no le
pudieron quitar la cámara.
Bueno, al menos pudimos conocer aunque sea en
video a la tan satanizada abogada.
—¿Y en qué quedó el caso de la
niña Julieta?
—En lo que el juez competente
en la materia dictó. La custodia fue otorgada a la mentada asociación debido
a que la madre de la niña mató por inanición previamente a otro hijo,
abandonó a Julieta recién nacida, y tiene cuatro hijos que no mantiene, pues
se dedica a la prostitución.
—¿Entonces las famosas
investigaciones por no se cuántos delitos que hay contra la abogada Leydi en
S.L.P.? —Esas son posteriores a que Leydi Campos denunciara
penalmente a los funcionarios que le robaron su cámara digital como se
aprecia claramente en el video.
—¿Y por lo menos ya se la
devolvieron?
—No.
Por un momento, se quedó
con la boca abierta el madrileño novicio.
“Pues estos tíos sí que se las
gastan”, —espetó al fin indignado.
—Espérate, —le comentó Isidro.
¿Ves ese encabezado de La Voz contra Leydi que anuncia con bombo y
platillo la visita del Procurador de Justicia de San Luís Potosí a Cancún
para “ampliar investigaciones” y no se cuánto más? Ya verás la recepción que
le tienen preparada.
—No entiendo.
—Resulta que al Procurador de
aquel estado lo han acusado de fabricar denuncias en represalia, pues no
quiere proceder contra los funcionarios corruptos que denuncia Leydi Campos,
los del video que está en Internet.
—¡Oye,
eso es gravísimo! Fabricar denuncias es un abuso de poder enorme.
—Así es, pero lo entretenido
está en que varias supuestas denunciantes han declarado en un video las
guarradas que utilizaron autoridades de S.L.P. para que declararan contra la
abogada y la asociación. Parte de ese video lo mostró la abogada Leydi a la
prensa de la capital de San Luís y eso acabó la polémica hace tiempo. Cuando
el Procurador de Justicia de San Luís venga a Cancún, un grupo de
activistas va a mostrar a los medios el video completo de cómo fabricaron
denuncias como represalia por denunciar una agresión.
—Y los medios de Cancún van a
tener otro banquete—intervino certero Isidro.
—Exacto. De hecho, lo están
esperando para exhibirlo por corrupto.
—Si es así, entonces no le
conviene al Procurador de Justicia de Quintana Roo enredarse con ese tío.
—Bueno, eso es un asunto que no
nos compete. La Procuraduría está para investigar y ese es su deber. Y todo
intercambio de información debe ser benéfico.
—¿Pero qué tal si el Procurador
de San Luís trae los expedientes fabricados?
—Bello Melchor Rodríguez
seguramente está al tanto ya de todo esto. El fondo es que no existe ninguna
orden de aprehensión ni en Cancún ni en S.L.P. contra la polémica abogada.
Por algo será. Denunciar en México no cuesta nada. Probar es otra cosa. Es
un caso indebidamente politizado como muchos que no tienen sustento.
—Me parece entonces como un
juego. —Intervino el novicio.
—En cierta manera lo es, pero
es un juego político. El Procurador de San Luis no quiere proceder contra
los funcionarios que demandó Leydi, por eso le fabricaron denuncias
para amagarla. Es una táctica de intimidación de Estado.
¡Y por qué no nos dijo todo
esto la Voz del Caribe, coño!
—Porque
no hace periodismo de investigación, sino amarillismo. Mira todo lo que
conseguimos en tres horas de ocio productivo Isidro y yo. Si quieres, hasta
te doy los números de expedientes o el nombre del juez.
—Pues vaya embustes que publica
entonces el periodiquete ese. —Fulminó el madrileño. “Además de engañar a la
gente, esos tipos difaman. Lo que hacen es una cacería de brujas disfrazada
de respetabilidad. Eso es una trastada”.
—Bueno, hay un pasquín que
llaman el Quequi que no he leído, pero comentan que es de la misma
calaña, —comenté.
—Así es, —dijo Isidro, el viejo
periodista. —Yo sí lo conozco. De hecho, Gerardo García, el director
de Voz del Caribe se ha sentido halagado porque a su última
catena de reportajes amarillistas contra Súper Leydi, el Quequi le ha
seguido el hilo.
—¿Y otros periódicos de Cancún
también lo han seguido?
—Hay dos periódicos serios.
Curiosamente, ninguno lo ha hecho.
—Ah.
—Pues entonces la Voz del
Caribe y el Quequi son de la misma ralea.
—Tú lo has dicho, —respondí.
Voz del Caribe ya está agarrando su verdadero nivel. El primero
se valida apoyado en el segundo porque su director está desesperado por
darle credibilidad a reportajes sin sustento.
—The Voice Against Leydi
es un título más apto para ese periódico, —propuse,o La Casita News.
—Será más bien La Voz del
Inquisidor. —Contestó Isidro con aire más serio. —En España no se
saldrían con la suya, ni en ningún país civilizado. El diario viola
impunemente la ley de imprenta y hasta los derechos humanos de los
ciudadanos.
—Pero aquí estamos en
México, —intervine, mientras nos encaminábamos a conseguir una edición,
aunque fuera del día anterior, de El País.
Por Esto! de Quintana Roo (Inserción)
Miércoles
11 de mayo de 2005
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